Capítulo 9: Malos tiempos

David Jiménez escribió “Putas y periodismo”, una chica ha denunciado que le ofrecían cobrar 0,75 € por cada 800 caracteres. Mi situación no es tan dramática, pero sí se me empieza a antojar insostenible.

No puedo quejarme de lo que me pagan, porque sabía cuánto iba a ser antes de venir a África. También sabía que tendría que buscarme la vida trabajando en otras cosas. Y a otras cosas me dedico. Lo que no tuve en cuenta es que el día tiene sólo 24 horas.
Si ocupo mi tiempo en el periodismo, no gano dinero para poder hacerlo. Por mucho que recortes gastos y viajes en matatu, duermas en un hostal asqueroso (abrazado a tu ordenador para que no te lo roben y con el dinero escondido en un sitio que, si tocan, me entero) y reduzcas tu alimentación a una comida al día; buscar historias sigue costando dinero. Cuando tus ingresos son cero, tu presupuesto ni existe.

Así que haces otras cosas para ganar dinero. Cosas que puede que no te entusiasmen tanto o, incluso, algunas que te aburren. Así esperas poder tener suficiente en la cartera (a lo mejor, 100 €) para lanzarte a hacer esa historia a la que le tienes tantas ganas. Pero, claro, al final eres un profesional y hay que cumplir con los que te pagan. Así que no te queda tiempo para, a lo mejor, escaparte a Somalia, Tanzania o Uganda para escribir un buen artículo.

Por otro lado, te has comprometido a cubrir noticias y, realmente quieres hacerlo. Mientras comes, compruebas la prensa local. Haces tus llamadas mientras estás en el lavabo, al que has entrado con tu libreta y tu bolígrafo. Como es de esperar por aquí, nadie te responde. Recuerdas que tienes una fuente, pero -¡claro!- ya no confía en ti porque no has ido a tomar una cerveza con él desde hace semanas y no le has preguntado por su familia. “¿Semanas?” Le preguntas. “Sí, semanas”, responde. Entonces te das cuenta de que el tiempo ha pasado volando y que, en tres días, tienes que pagar el alquiler del piso. Miras tu cuenta bancaria… está en números rojos. Esperas cobrar cuanto antes. No todos te pagan. Ya no estás en números rojos pero tienes 134,72 € para pasar el resto del mes. Miras la despensa. “Vale, una semana comiendo pasta con… ¡mierda, con nada! Espero que me paguen pronto por el trabajo que he hecho”.

Pasa la semana. No has cobrado. Tiras la casa por la ventana y gastas 20 € en comida para todo el mes y vuelves a estar en números rojos. Te entra el pánico. Vuelves a trabajar en lo que sea para ganar dinero (rezas por cobrarlo). Como no responden a tus e-mails, empiezas a llamar. Pero estás en Kenia y llamar a España es muy caro. Usas Skype, aunque sigue costándote un buen dinero. La telefonista no tiene compasión y te deja diez  minutos esperando, hilo musical incluido. Miras en la pantalla del ordenador cómo pasan los segundos y calculas cuánto te van a clavar por la llamadita. “¿Hola, sigue ahí? Siento decirle que el Sr. X ha salido a comer. Le puedo dejar un recado, si quiere. ¿Mañana? Tampoco estará, es festivo. No disculpe, pero nadie más puede atenderle, estos temas los lleva él personalmente”. Cuelgas con rabia, pero no rompes nada porque no estás en situación de pagarlo.

Tienes que escribir una historia que te han pedido. No tienes tiempo, lo haces lo mejor que puedes y lo envías. Te hubiera gustado currártelo, pero… ¿cómo? Ya no te queda saldo en el teléfono y le estás robando un internet muy malo a la vecina. Hace diez días que no tomas algo con los amigos. “Vente, hombre, tomamos una cerveza”. Miras tu cartera. No quieres ir por ahí mendigando. “Ojalá pudiera, pero tengo trabajo urgente”, respondes. No corre tanta prisa, pero si lo haces por la noche, podrás pasar el día enviando e-mails y haciendo llamadas para reclamar el cobro. Te sientes mal. Sabes que puedes hacerlo mejor, lo has hecho mucho mejor en el pasado. Pero, claro, antes tenías para pagarte el metro. La gente de tu periódico ha confiado en ti y no estás cumpliendo.

“¿Cómo lo hago?” Recuerdas las historias que te contaban, aquellas de que en una crisis hay grandes oportunidades. Pero a ti no se te ocurre esa fórmula magistral y te sientes un inútil. “Trabaja duro, hazlo bien y triunfarás en la vida”, te decía tu padre. Te aplicas el cuento, pero lo más que consigues es una felicitación por lo bien que lo has hecho. El dinero ni lo intuyes. “Eres joven, es normal, todos hemos pasado por esto. La precariedad es lo que te convierte en un hombre”, te dicen algunos con una superioridad algo molesta. “¿Joven? ¿Un hombre? ¿Pero qué me estás contando? He ido de beca cutre a beca peor porque sale más a cuenta que darme trabajo. ¿Precariedad? Trabajo más de lo que has trabajado tú en tu vida, tengo muchos más estudios y hablo más idiomas”, piensas, porque sabes que no se trata de un tiempo limitado. Desde que saliste de la facultad, hace ya algunos años, estás en las mismas. Y no parece que vaya a cambiar. Te miras al espejo. Efectivamente, tienes cara de tonto.

“Toca apretarse el cinturón” gritan algunos. Tú miras tu pantalón, recuerdas que, el cinturón, no pudiste ni comprarlo. Entiendes que no hay dinero, pero que te lo digan antes de pedirte algo. “Pero estás en África, ¿no es muy barato?”, te dicen desde Europa. “Sí, claro, como son pobres, lo tienen todo casi gratis. En realidad, no entiendo cómo nadie se ha dado cuenta de que la solución a la crisis es que nos volvamos todos pobres”, respondes maravillado por los axiomas absurdos en los que se basan algunos.

Uno puede coger su petate e irse al otro lado del mundo. Luchas, duermes poco, pero tienes trabajo. Pero ahora el trabajo no lo pagan. Y cuando los mandes a la mierda, vendrá otro y volverá a caer en la trampa. Así se perpetran las chapuzas.

Estás en el sitio adecuado y tienes el trabajo que querías. No tienes dinero y no vas a tenerlo. Mucha suerte.

6 pensamientos en “Capítulo 9: Malos tiempos

  1. ostras Nacho.Estas hecho hecho caldo… No se me ocurre otra cosa que desearte mejor suerte que mejoren las cosas para tí y loveamos reflejado en esos capítulos que nos hacen reir. Te queremos!

  2. Impactante el post… había oído hablar de la precariedad en el mundo del periodismo pero no me imaginaba que llegase a estos extremos. Es indignante la forma en que se aprovechan algunos empresarios de las esperanzas profesionales de los periodistas más jóvenes para obtener de ellos artículos y reportajes de alta calidad a un mínimo coste.

    Lo único que te puedo decir es que mantengas la esperanza y no te rindas. Insiste en que te paguen aquello que te deben –es tu derecho-, proponles que te adelanten algo en los siguientes trabajos y, por supuesto, continua trabajando duro como hasta ahora que ya veras que llegará un día en el que obtendrás la recompensa a tanto sacrificio. ¡Un abrazo!

  3. Jo, natxo!! Me entran ganas de ir a buscarte y sacarte de alli! O si quieres hago entrevistas x ti en bcn…lo que sea! Espero que, o te mantengas firme en tu aventura y el tema mejore, o subas otro escalon en tu carrera en breve. Sea como sea, nosotros esstamos orgullosos de tenerte como corresponssal en Africa y seguro que daras a leer este blog a tus hijos y nietos… Y como te reiras e incluso echaras de menos tus tiempos en Kenia!
    Un beso!

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