Debo reconocer que el día de Navidad me permití remolonear en la cama y levantarme más tarde. Algo que llevaba deseando un tiempo. Al fin y al cabo, como buen mediterráneo, mi naturaleza tiende a ser horizontal.
Ante mí se planteaba un día tranquilo, perfecto para disfrutar de una tarde soleada en Nairobi y, probablemente, ir a tomar algo esa noche. Pero un e-mail lo cambió todo.
El grupo terrorista Boko Haram había atentado contra una serie de iglesias y un edificio público en Nigeria. Desde Madrid me pedían una pieza y, ya que estábamos, un obituario sobre Jalil Ibrahim, un opositor sudanés que fue asesinado en Nochebuena.
La información sobre Nigeria no era muy clara y tuve que tirar desesperadamente del teléfono. Recurrí a todos los contactos oficiales que tengo en el país (que no son demasiados. De hecho, sólo son dos). Pero, bien porque era Navidad o tal vez por la confusión, ninguno me respondió. Probé suerte con NEMA, la agencia de gestión de emergencias de Nigeria, pero el telefonista parecía encontrar un perverso placer remitiéndome a números de teléfono que no existían. Todo ello, aderezado por una conexión horrible que hacía muy complicado entablar una conversación. Afortunadamente, un conocido de España acudió a mi rescate y me dio el contacto de algunos habitantes de Abuya, que me ofrecieron alguna que otra declaración.
Escribí la pieza sobre los atentados y un apoyo explicando qué es Boko Haram y lo envié. Era el momento de terminar el obituario, que ya lo tenía casi acabado. Estaba recién puesto a ello cuando se fue la luz y, consecuentemente, internet. Probablemente, la causa fue la fuerte tormenta que había hecho su aparición en Nairobi regocijándose en su poder. En un principio, no me importó. Ya había aprendido a tener siempre todos mis aparatos con la batería cargada al máximo y tenía mi conexión móvil a la red de Safaricom. Pero, en cuanto intenté usarla, no funcionaba. Recurrí a los pocos vecinos que estaban en el edificio por las fiestas. Ellos tampoco podían conectarse. Era un problema con la red móvil. No podía hacer nada y el tiempo jugaba en mi contra. Pero no me alarmé. Siempre podía ir a un bar del centro comercial The Junction, donde uno siempre puede conectarse a la red. Ellos tienen un generador propio, por lo que suelo acudir allí cuando se me va la luz en casa.
Aunque está relativamente cerca de mi piso, las prisas y la intensa lluvia me llevaron a optar por llamar a Danson, mi taxista. Me deseó felices fiestas y volvió a intentar concertarme una cita con su hermana, pero ese día no trabajaba. Recurrí a mi otro taxista en la zona, Richard. Él también se había tomado el día libre, pero me mandó a un amigo suyo. Un tal Kevin. No me hizo mucha gracia, porque un nuevo conductor significa una nueva negociación y yo no tenía tiempo para andar regateando. Pero no tenía demasiadas opciones. La lluvia era realmente intensa, así que acepté.
Estuve esperando y esperando. Cuando tienes prisa, cambia la percepción del tiempo. Si algo aprendí en Madrid es que no se puede hacer esperar al periódico. Y menos por un obituario. Visto que Kevin no llegaba, resolví ponerme a andar, a pesar de la lluvia. A medio camino apareció el taxi. Ya estaba empapado, pero seguía con prisa, así que subí.

El centro comercial The Junction
Como era de esperar, en el Junction había electricidad, por lo que fui directo al Art Caffé para conectarme y mandar la dichosa pieza. Internet no funcionaba. Tampoco lo hacía en el Mercury, un bar que está en el mismo edificio. Subí volando al taxi para que me llevara al Yaya Center, otro centro comercial. Allí tampoco hubo suerte. Se acercaban las 00.00, las 22.00 en España y no había conexión en ningún lado. Llamé a la redacción y recurrí al último recurso: el dictado.
La verdad es que fue bastante rápido y el único problema fueron los nombres africanos. Hay que deletrearlos todos, no fuera caso que se publiquen mal. “Al Bashir”, “Kordofán”… habían bastantes.
Sólo olvidé deletrear una cosa, mi nombre, por lo que dejé de apellidarme “Marcet” para convertirme en “Mercet”.
Madre mía, Natxo! A eso se le llama tener recursos! Vaya día de navidad, qué ajetreo… y qué pena… ¿cómo conseguiste las imágenes y grabar tu voz sobre ellas?
Está muy bie, aunque es realmente triste… Cuídate mucho
Muy bueno el vídeo (desde un punto de vista informativo, claro)